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Poeta Elicura Chihuailaf llora a Catrillanca y pregunta en voz alta: “¿Quién será el próximo?”

Medio: El Mostrador - Publicado: 20-11-2018 a las 1:02




El poeta Elicura Chihuailaf (Quechurehue, 1952) está triste. Como muchos otros mapuche, llora la muerte de Camilo Catrillanca, la más reciente víctima del Estado chileno en el sur del país. También teme por otros jóvenes de su pueblo, tras otros asesinatos de muchachos como Alex Lemún (2002) y Matías Catrileo (2008), tanto, que se pregunta en voz alta: “¿Quién será el próximo?”.

Candidato al Premio Nacional de Literatura, con una obra que es estudiada en el extranjero, es uno de los principales representantes de una cultura ancestral anterior a Chile.

Desconfía del Estado y de una próxima solución a la situación actual, pero cree en los niños chilenos –es decir, en el futuro– para revertir el oscuro momento actual de Wallmapu. Pero también cuestiona conceptos como “desarrollo” y apunta a una élite de familias.

Para él más bien se trata de una dictadura “que instalaron y en la que se enquistaron –en todos los estamentos del denominado Estado chileno– unas pocas familias pertenecientes a la chilenidad superficial y enajenada, que con su codicia han avasallado también a la chilenidad profunda, que es la inmensa mayoría”.

Impotencia

Aún así, no puede negar la pena –y sentimiento de impotencia–, no solo en su comunidad, sino en todo el país, que generó el asesinato del joven de 24 años, que deja a una hija y una esposa embarazada.

“Dada la alevosía con que se ejecutó el asesinato de nuestro peñi Camilo Catrillanca, se ha generado un ambiente de consternación y enojo, no solo en quienes somos parte del pueblo mapuche, sino también en diversos sectores de la chilenidad profunda”, comenta a El Mostrador.

También hay un “sentimiento de gran indefensión por la manera en que la policía borró evidencias de su acción y por la ‘errática’ reacción de algunas autoridades de Gobierno”.

Para Chihuailaf, ya es hora de dejar de hablar, y de actuar para lograr la anhelada paz.

“Todos sabemos que la paz es un valor que anhelamos y sabemos no se logra con discursos sino con actitudes, con acciones”, asegura. “Por eso estoy diciendo: para terminar con la violencia hay que terminar con la violencia. Me parece que este tan triste momento puede ser el inicio de un cambio definitivo en este lugar que habitamos”.

No hay democracia para los mapuche

En su análisis sobre el caso, el poeta además es lapidario. Él cree que el crimen de Catrillanca “demuestra que lo definitivo es que nosotros, los nativos, los mapuche en este caso, nunca hemos vivido en ‘democracia'”.

Para él más bien se trata de una dictadura “que instalaron y en la que se enquistaron –en todos los estamentos del denominado Estado chileno– unas pocas familias pertenecientes a la chilenidad superficial y enajenada, que con su codicia han avasallado también a la chilenidad profunda, que es la inmensa mayoría”.

“En la lista de asesinados mapuche están principalmente los jóvenes”, prosigue. “La semana pasada fue nuestro peñi Camilo Catrillanca y la pregunta constante ha sido y es: ¿quién será el próximo?”.

Para él, “mientras esas pocas familias que ostentan el poder no asuman que su codicia ha contaminado profundamente al cielo profundamente azul de la paz, su violencia será la habitante que seguirá vulnerando a nuestros sueños”.

Su referencia al color azul no es antojadiza. Según algunos autores, la manifestación del azul tiene que ver con el origen de la vida en su cultura.

Capitalismo y mapuche

Mucho falta para la paz en La Araucanía. Y un elemento clave para discutir la paz, en su opinión, es el concepto de “desarrollo”.

“Hay un gran problema conceptual que no quiere ser abordado y es crucial para el diálogo, para la conversación por la que ha optado siempre nuestro pueblo sin abandonar la defensa –la juventud en primera línea– de nuestra Mapu Ñuke Madre Tierra: ¿qué estamos entendiendo cuando decimos desarrollo?, por ejemplo”.

“Nosotros, los mapuche, queremos un desarrollo con la naturaleza y no contra ella, como lo pregona y lo ha impuesto el modelo capitalista o neoliberal”, expresa.

“¿No es acaso violencia cuando se apela solo a una legalidad y se desconoce la legitimidad? ¿Cómo se llama la acción de los que están borrando los bosques nativos, alterando el ecosistema, diezmando las napas del agua de la vida?”, pregunta.

En busca de una salida

¿Pero cuál es la salida de esta situación?

“Como lo ha reiterado nuestro peñi senador Francisco Huenchumilla, la salida de esta situación es política”, responde.

“El grupo de familias que se apropió de los poderes del Estado de Chile hizo ocupación violenta de nuestro antiguo territorio –el Wallmapu–, ocultó nuestra historia –también la del Chile profundo–, marginalizó el mapuzugun y desdeñó la visión de mundo nuestra”, reclama.

“Es urgente que esta situación sea revertida”.

Para ello, pide una política “que incentive el camino de la chilenidad hacia el reconocimiento de su hermosa morenidad con toda la diversidad de hermoso colorido que implica y que favorezca la autonomía de los pueblos nativos”.

“Hace hartos años me declaré un escéptico-optimista porque este andar se está haciendo con demasiada lentitud, considerando la urgencia que señala este tiempo y creo –espero estar equivocado– que pasarán décadas para que se convierta en paso firme y transparente. Mi optimismo viene de mi constante conversación con niños y niñas y con jóvenes a lo largo y ancho de este país aún llamado Chile, ellas y ellos que aún están pletóricos de sueños y ternura.

A ellos, especialmente las niñas y los niños “reprimidos hoy en nuestras comunidades de la zona de Ercilla y Filcuñ, les dedica un breve poema, “Canción y Afafán” (el afafán es un grito de ánimo):

Hijo, Hija: ¿Y si le decimos a la niebla
que desde su cumbre de ensueños
esconda los caminos de nuestros campos
y nuestros atacantes tomen entonces
los atajos de la nada…?
¿Y que la nada sea una cometa, el cráter
de un volcán, una galaxia inexistente?

¡Ya ya ya ya, uuuu!, digámosle a la niebla
para que se despierte
¡Ya ya ya ya, uuuu!, digámosle a la niebla
para que se apresure.


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